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Der Leonardo Gehtrainer aus Holz in Aktion
Der Leonardo Gehtrainer aus Holz in Aktion
Projekte/Jeffreys Bay, South Africa

Leonardo: un andador pediátrico de madera todoterreno

Cómo simplifiqué tecnología médica en Sudáfrica para crear un andador de madera que crece con los chicos. Diseño humanitario e innovación low-tech.

Simon Koller11 de junio de 2026

En todo el mundo, alrededor de 17 millones de personas viven con parálisis cerebral. La enorme neuroplasticidad del cerebro infantil ofrece una ventana de tiempo crítica hasta los ocho años para aprender a caminar. Los dispositivos ortopédicos occidentales suelen ser inalcanzables para las familias del Sur Global, difíciles de reparar e inservibles en terrenos desparejos. Acá es donde entra mi diseño: el andador "Leonardo" cierra la brecha entre la costosa tecnología médica de Occidente y la cruda realidad de las regiones en desarrollo.

Al principio dudaba un poco sobre si presentar este proyecto como una postulación o compartirlo como un artículo. No soy diseñador de carrera ni periodista tradicional. En realidad soy informático y me dedico a la ortopedia, pero con un amor y una pasión absoluta por el diseño funcional. Cuando un amigo diseñador de productos vio las fotos y los videos de mi loco "carrito de madera", me dijo al toque que tenía que documentar y compartir este proyecto sí o sí. Por eso te voy a contar cada detalle de lo que fue esta experiencia. El texto me quedó algo largo, pero hacía falta para transmitirte las cosas tal cual las viví. Si te tomás el tiempo de leerlo todo, me alegro de corazón, y si no, sentite libre de mirar las fotos.

El origen: de la India a Sudáfrica

La historia de este proyecto arrancó hace unos años, cuando un gran amigo mío se fue de voluntario a una organización en Sudáfrica. Allá fabricaba órtesis para chicos de bajos recursos. Lo más triste es que casi nadie en ese lugar sabe cómo hacer una órtesis como corresponde. Por eso, su ayuda y la transferencia de conocimientos eran sumamente necesarias. Me hablaba maravillas de ese país hermoso, de sus playas soñadas, los delfines y de cómo Jeffreys Bay es uno de los mejores lugares del planeta, si no el mejor, para surfear.

Yo también ya había trabajado en el extranjero dentro del rubro de la ortopedia. En la India, durante mi servicio civil en una misión en el extranjero que me llevó desde Appenzell hasta Varanasi, fabriqué prótesis para chicos y conocí en primera persona las dificultades que enfrenta la población más vulnerable. Nadie cuenta con el conocimiento técnico para fabricar un buen dispositivo de asistencia. Los equipos que existen son dificilísimos o directamente imposibles de importar. Y cuando se pueden ingresar al país, son impagables para la gran mayoría de la gente. Encima, muchas veces estos aparatos ni siquiera están pensados para las condiciones locales. En esos lugares entran en juego prioridades completamente distintas: máxima durabilidad, costos extremadamente bajos, utilidad en terrenos irregulares (donde casi nada está perfectamente asfaltado ni adaptado para sillas de ruedas) y la posibilidad de repararlos y mantenerlos sin necesidad de personal técnico especializado.

Asentamiento informal en las afueras de la ciudad sudafricana de Jeffreys Bay.
Township en Jeffreys Bay: los suelos rústicos y los espacios reducidos hacen que los aparatos convencionales sean inservibles.

En Suiza y en Occidente pasa justo lo contrario: la plata no suele ser un problema, se requiere personal altamente capacitado para ajustar y calibrar el dispositivo cada dos por tres (por ejemplo, a medida que el chico crece), resulta muy difícil o imposible repararlo uno mismo, no podés usarlo en terrenos desparejos y encima solo se consigue en un puñado de países.

La antítesis: investigación de alta tecnología frente a la vida cotidiana

Cuando se me ocurrió la idea de viajar a Sudáfrica, trabajaba en la Escuela Universitaria de Ciencias Aplicadas en Rapperswil. Estábamos desarrollando justamente uno de esos dispositivos de altísima tecnología: un robot sumamente complejo para que personas con parálisis pudieran caminar. Eso sí, solo en línea recta, con la batería llena, con dos personas custodiando a los costados por si el armatoste se caía, y únicamente dentro de edificios techados, con pisos lisos y sin ningún obstáculo. Como te podrás imaginar, cero práctico para el día a día. Pero bueno, así es la investigación. Me parece algo fundamental, porque es ahí donde nacen los productos del futuro. Uno se anima a pensar distinto y vuelve tangible lo que parecía imposible. Para cada problema siempre surge una solución tarde o temprano, o al menos casi siempre.

Investigación sobre exoesqueletos
Robot para personas con parálisis
Nuestra investigación de alta tecnología en la universidad: un robot para personas con movilidad reducida que permite tanto caminar como desplazarse sobre ruedas.

Como soy informático de formación, me encargaba de programar el software del exoesqueleto. Pero al mismo tiempo aprendí muchísimo y sumé una experiencia invaluable en diseño de producto: cómo estructurar la fabricación de un producto médico, cómo diseñar sistemas electrónicos, cómo hacer pruebas seguras evaluando riesgos y, sobre todo, cómo dedicarle el tiempo necesario a un diseño bien pensado y a un concepto sólido, registrando ideas sistemáticamente, evaluándolas y eligiendo los mejores caminos.

El público objetivo y la necesidad médica

Un buen día lo llamé a Daniel a Sudáfrica. Nos pusimos a tirar ideas juntos sobre qué tipo de producto podía desarrollar para su organización benéfica, "Timion". Parecía bastante natural intentar armar una especie de exoesqueleto de baja tecnología que les permitiera aprender a caminar a chicos que no podían hacerlo. Enfocamos el proyecto directamente en niños con parálisis cerebral (PC).

Es una condición muy frecuente allá y en todo el mundo, afecta a unos 17 millones de personas a nivel global, con tasas especialmente altas en Sudáfrica. Esta condición se produce cuando el cerebro del bebé no recibe suficiente oxígeno durante el parto, lo que provoca la muerte de áreas cerebrales enteras. En algunos casos los síntomas son muy leves y al hablar con la persona casi ni te das cuenta. El impacto varía muchísimo según el grado de la lesión. Pero cuando el cuadro es más severo, el chico pierde la capacidad de caminar bien, sufre parálisis, espasticidad y enfrenta obstáculos gigantescos para aprender a dar sus primeros pasos durante la infancia. Por eso, la gran mayoría queda confinada a una silla de ruedas de por vida.

Sin embargo, hay una luz de esperanza muy importante, algo clave que mucha gente desconoce.

El cerebro de los chicos tiene una plasticidad neuronal asombrosa. Esto significa que las neuronas pueden generar nuevas conexiones, adaptarse y aprender habilidades que de adulto ya resultan muy difíciles o imposibles de incorporar. Caminar es una de ellas. Si uno realiza un entrenamiento diario y fisioterapia constante con un niño que tiene dificultades motoras, las probabilidades de que logre caminar gracias a estas nuevas conexiones neuronales son altísimas, permitiéndole transitar su vida de pie en lugar de depender de una silla de ruedas.

Pero como te decía, para que esto funcione, el entrenamiento constante es indispensable. Para ser más precisos: todos los días, idealmente antes de cumplir los ocho años. Pasada esa edad, la plasticidad cerebral disminuye y la posibilidad de caminar sin silla de ruedas se vuelve cada vez más lejana hasta hacerse casi imposible. Lo grandioso es que se puede lograr. El tema es que cualquiera que haya criado chicos sabe que, a partir de cierta edad y peso, sostener a un nene a la altura de la cadera durante horas resulta físicamente agotador, más todavía estando tan agachado contra el suelo.

Por eso en Europa contamos con infinidad de recursos: estructuras complejas con ruedas donde se sujeta al chico (después de que un cirujano ortopedista u ortopedista matriculado lo calibre), dispositivos tipo andador para distintas estaturas, o robots avanzados como el Lokomat, que permiten entrenar de forma repetitiva el movimiento de caderas, rodillas y tobillos. Son herramientas excelentes y súper efectivas para aprender a caminar, que muchas veces se usan combinadas. Hay familias que llegan a tener tres o más aparatos distintos en casa para la terapia, y las obras sociales o seguros les van entregando modelos nuevos a medida que el nene crece. Todo impecable, pero carísimo, poco intuitivo para el usuario común y completamente fuera del alcance de las poblaciones más vulnerables del mundo, tanto en la India como en Sudáfrica.

NF-Walker
Lokomat
Trexo
Trexo, NF-Walker y Lokomat: equipos de terapia de alto costo, inalcanzables para la mayor parte del mundo.

La visión: un robot de madera que resuelva todo

Decidimos poner manos a la obra en el desarrollo de un andador que pudiera solucionar prácticamente todos estos desafíos en un solo diseño: debía brindar un entrenamiento repetitivo similar al de un robot, crecer a la par del niño a medida que aumentara su estatura, ofrecer un estímulo efectivo y exigente para quienes ya caminan un poco, pero también funcionar para chicos que casi no pueden mover las piernas o sostener su propio peso. Tenía que ser facilísimo de manejar y regular, sin requerir la intervención de un especialista. Además, debía integrar funciones para corregir posturas típicas de la parálisis cerebral, como el cruce involuntario de piernas (marcha en tijera), la flexión constante de rodillas (marcha agazapada o crouch gait) o el apoyo en puntas de pie (pie equino).

Como pasa en tantos proyectos, las metas iniciales sonaban casi utópicas:

  1. Tenía que hacer de todo.
  2. No tenía que costar prácticamente nada.

Y el desafío más lindo de todos: ¡tenía que estar construido en madera! Un verdadero robot todoterreno de madera.

En Sudáfrica disponen de máquinas CNC capaces de cortar placas de madera de distintos espesores con total precisión en cualquier forma geométrica. Hoy en día, las fresadoras CNC básicas para madera son accesibles o incluso se pueden armar de forma casera con algo de paciencia y tutoriales de internet. Uno diseña la pieza en la computadora mediante software CAD y después puede fabricarla las veces que haga falta. Una maravilla.

¿Por qué madera, en realidad?

La opción obvia y convencional hubiese sido usar metal o aluminio, como la mayoría de los dispositivos comerciales: son resistentes, aguantan el agua y duran años. Pero los problemas empiezan en la etapa de fabricación. Hacen falta conocimientos específicos y herramientas pesadas, muchas veces en talleres con personal poco capacitado. A mí personalmente me hubiese costado un triunfo soldar, remachar y ensamblar un andador metálico entero, más allá de haber trabajado con metales durante mi formación. El plástico, por su parte, también presenta complicaciones: no siempre se consigue la misma calidad en todos los rincones del mundo y la matriz de inyección resulta inviable para series chicas.

Así que la decisión se decantó sola: tenía que ser madera. En Timion ya dominaban a la perfección la carpintería y la usaban para fabricar muchísimos de sus productos. Lo mismo me había tocado vivir en la India, donde teníamos un tallercito que armaba ayudas técnicas para personas con discapacidad física. Además, la madera está viviendo un redescubrimiento incluso en hospitales suizos: transmite calidez, mejora la acústica, ofrece una textura agradable al tacto, genera un ambiente natural y es sustentable. Si el andador llega a quedar en desuso o tirado al aire libre, no aporta más microplásticos al planeta, sino que se biodegrada naturalmente.

Otro requisito fundamental del diseño era que pudiera entrar sin problemas en casitas de chapa muy reducidas. Las viviendas en los asentamientos de Sudáfrica suelen ser súper apretadas y no sobra ni un centímetro. Si el aparato no entra en la casa, pasa exactamente lo que queremos evitar: queda a la intemperie, se moja y termina arruinándose. Por ende, además de todas las exigencias previas, el andador tenía que ser completamente plegable.

El proceso de diseño y los rituales creativos

Me puse a estudiar el tema a fondo. Seis meses antes de viajar a Sudáfrica ya estaba craneando soluciones. Hice cientos de bocetos a mano, charlé con mis compañeros del equipo de robótica, consulté con ingenieros y debatí ideas con el equipo sudafricano.

Necesitábamos ruedas grandes. A cualquiera le pasó: empujar un changuito del súper sobre baldosas con desniveles o sobre ripio es una pesadilla. Un cochecito de bebé anda un poco mejor según el tamaño de las ruedas: cuanto más grandes, mejor pasan los baches. Se me ocurrió la idea de usar ruedas chicas de bicicletas infantiles. Pero enseguida nos topamos con otra realidad: en Sudáfrica se las roban. Sí, tal cual leés. Se las llegan a robar hasta del andador de un nene que no puede caminar. Las ruedas chicas tipo cochecito también desaparecen si son de buena calidad. Ese fue un motivo más para diseñar las ruedas especialmente en madera: lo suficientemente fuertes y livianas para un chico, pero no aptas para soportar cargas pesadas de adultos. De lo contrario, el andador corría el riesgo de terminar usándose como carretilla de carga.

El siguiente desafío fue el peso. Para un nene chiquito con poca fuerza motriz, cada gramo cuenta para que pueda trasladarse por su cuenta. Por eso elegí una estructura tipo sándwich: dos placas finas de madera unidas mediante separadores y refuerzos internos. Con estos refuerzos, un adulto puede pararse encima sin problemas; sin ellos, la madera cedería al instante. Es un principio constructivo muy similar al que se usa en la industria aeroespacial para reducir peso sin resignar rigidez.

Bocetos del andador
Bocetos a mano alzada donde quedaron registradas las primeras ideas. La frase que aparece anotada fue pura casualidad y la noté mucho tiempo después.

Así fue que viajé a Sudáfrica con un plan de trabajo general, mis cuadernos de bocetos, un relevamiento de mercado (con una lista completa de los andadores comerciales existentes), matrices de requerimientos, un cronograma tentativo y un primer modelo a escala impreso en 3D. Me instalé en un bungalow muy acogedor dentro del mismo predio del taller. El lugar era hermoso.

Allá me enamoré por completo del surf. Salía al agua casi todas las mañanas y al atardecer. Los delfines pasaban nadando bien cerca casi todos los días, a tal punto que si estirabas la mano casi los tocabas (aunque nunca me animé a tanto). En el mar me sentía profundamente conectado con los elementos, con la fuerza del agua, con la naturaleza y conmigo mismo. Sentía una presencia plena en el aquí y ahora. Terminaba el día cansado y dormía bárbaro.

¿Por qué te cuento todo esto? Porque aprendí que esos momentos son indispensables para la creatividad. Antes, en Suiza, solía vivir absorbido al cien por ciento por cada proyecto, dándole vueltas en la cabeza día y noche. Cuando estaba sobre la tabla de surf, en cambio, solo existíamos la ola y yo. Los delfines y yo. Mis amigos y yo. Cero proyectos, cero preocupaciones.

Teníamos otro ritual en equipo que me marcó muchísimo: todos los lunes, miércoles y viernes arrancábamos la jornada cantando y bailando juntos durante una media hora. Más de una vez se me cayeron las lágrimas de la emoción. Te aseguro que todo el equipo terminaba con una alegría y una energía increíble, incluso si alguno había llegado medio bajoneado un lunes a la mañana.

Esos dos hábitos, barrenar olas y cantar en comunidad, me enseñaron un montón sobre cómo fluyen la inspiración y las ideas. Después de esos momentos volvía con la mente despejada y muchas veces las mejores soluciones aparecían solas, cuando menos las estaba buscando.

Trabajo en el prototipo
Surfeando
Equipo en Sudáfrica
Precisión técnica combinada con rituales de desconexión. El surf y la música compartida abrieron el espacio mental propicio para tomar las mejores decisiones de diseño.

El arte de simplificar y el mágico «clic»

La prueba de fuego en el diseño llegó una vez que terminamos de construir los primeros prototipos físicos. Fue la parte más compleja, pero también la que más disfruté: transformar un sistema de alta complejidad en algo sumamente sencillo y accesible.

La gran mayoría de los andadores comerciales presumen de infinidad de perillas y ajustes posibles. Esto genera aparatos complejísimos que en la práctica solo pueden ser calibrados por un profesional capacitado, como pasa con el NF-Walker, Trexo Robotics o el Lokomat. En Sudáfrica necesitábamos que una mamá o una terapeuta de la comunidad pudiera regular el equipo y adaptarlo al nene sin complicaciones y sin ayuda de nadie. Y sobre todo, que una sola persona pudiera colocar y sujetar al chico dentro del andador sin requerir asistencia.

Empecé entonces a eliminar piezas sin dudarlo. Me di cuenta enseguida de que muchos elementos considerados indispensables no aportaban nada útil o incluso resultaban desfavorables. Un claro ejemplo son las manijas de agarre: dan una sensación aparente de seguridad, pero la evidencia clínica y terapéutica demuestra que suelen ser perjudiciales para la rehabilitación de la marcha. El chico aprende a caminar mejor y más rápido si tiene las manos libres, ya que el tronco queda perfectamente contenido y estabilizado por la propia estructura del dispositivo. Lo mismo pasó con infinidad de mecanismos de regulación que traen estos aparatos, que casi nunca se tocan o que se pueden resolver de raíz con una geometría más inteligente y orgánica.

El paso siguiente era asegurar que una persona sola pudiera acomodar al nene. Por eso descartamos fijar el arnés abdominal de tela directamente al chasis rígido. Diseñamos un arnés desmontable que incluye las sujeciones para piernas y hombros, de modo que se le pueda colocar cómodamente al chico mientras está acostado.

Integramos una pequeña placa de madera dentro de la costura del propio arnés. Esta placa se desliza suavemente en una ranura guía del andador. Un pestillo con resorte traba la posición de manera automática sin necesidad de hacer fuerza. Un «clic» bien sonoro te avisa que quedó perfectamente encastrado, y mediante una pequeña palanca se destraba al instante para retirar al nene con total facilidad.

Creo que estos pequeños mecanismos de encastre y el sistema de plegado son de las cosas que más orgullo me dan de todo el desarrollo. No solo porque volvieron al andador mucho más simple, seguro y resistente, sino porque a todo el que lo probaba se le iluminaba la cara con un gesto de sorpresa. Es difícil ponerlo en palabras, pero genera esa satisfacción hermosa de ver que todo se resuelve en un segundo. Es una sensación parecida a cuando lográs embocar un cierre rebelde después de varios intentos y corre impecable, o cuando dos imanes se atraen y calzan justos. Crear esa clase de experiencias donde todo fluye sin esfuerzo es, para mí, la esencia del buen diseño.

La altura se regula de manera continua y con una sola mano mediante una palanca de cierre rápido de bicicleta modificada, quedando firme como una roca. De esta forma, un único andador sirve para acompañar el crecimiento de chicos desde los 2 hasta más de 10 años. Teniendo en cuenta que la ventana clave para rehabilitar la marcha llega hasta los 8 años, necesitábamos una respuesta integral que cubriera todo ese período.

Detalle del cierre rápido
Mecanismo del andador
El cierre rápido modificado permite ajustar la altura del andador de forma simple y continua según la estatura del paciente.

Un aspecto crucial que muchas veces no se tiene en cuenta es el diseño del sistema de sujeción al cuerpo. Si el arnés incomoda o lastima, la mejor estructura mecánica no sirve para nada. El soporte debe ser acolchado, cómodo y adaptable a contexturas físicas muy variadas. En este punto me sirvió mucho mi experiencia previa diseñando patrones de corte para personas con discapacidad física y seleccionando materiales textiles técnicos. Tras varias pruebas logramos un arnés modular para el torso que se puede complementar con distintos soportes según la necesidad. El patrón final lleva la placa de madera cosida en el interior de la tela, asegurando un anclaje firme con el mecanismo de traba.

Patrón de costura y arnés de sujeción
El sistema modular de arnés con placa de madera integrada en la confección.

Resumen de las innovaciones terapéuticas y económicas

Fuimos perfeccionando el andador prototipo tras prototipo, evaluándolo directamente en centros de atención con chicos con parálisis cerebral. Gracias a ese trabajo conjunto, en apenas cinco meses logramos un diseño listo para ser producido en serie y perfectamente apto para el uso cotidiano. Las familias, los chicos y el equipo de terapeutas quedaron encantados; muchos nos pedían comprar los prototipos ahí mismo.

Primera fase de desarrollo
Segunda fase de desarrollo
Tercera fase de desarrollo
La evolución del diseño: desde el prototipo inicial (izquierda) hasta el modelo final para producción (derecha).
Prueba del andador en interiores
Etapa de evaluación: uno de los primeros prototipos funcionales puesto a prueba en la práctica diaria.

El andador reúne una cantidad sorprendente de prestaciones que en Europa normalmente demandan el uso de varios equipos diferentes:

Transferencia intuitiva

Permite colocarle el arnés al chico mientras está acostado y transferirlo cómodamente a la estructura. El andador se pliega sin esfuerzo y las ruedas auxiliares para corregir la marcha agazapada se rebatieron hacia arriba con un solo movimiento.

Colocación del arnés en posición acostada
Encastre del arnés en la estructura
Transferencia sencilla: se coloca el arnés cómodamente con el nene recostado y luego se encastra con un clic en el mecanismo del andador.

Ergonomía adaptable y aptitud todoterreno

Un único equipo cubre un amplio rango de edades y estaturas. Además, sus ruedas de gran diámetro permiten transitar caminos de tierra y superficies desparejas sin trabarse.

Corrección de marcha en tijera y guía recíproca

Mediante un par de guías laterales con cuerdas se evita el cruce involuntario de los pies (marcha en tijera). Al mismo tiempo, este sistema mecánico conectado entre los pies hacia adelante y las rodillas hacia atrás guía la alternancia de las piernas: cada vez que un pie va hacia atrás, el otro es impulsado suavemente hacia adelante.

Guía de cuerdas para los pies
Sistema mecánico de cuerdas: corrección de marcha en tijera y guía recíproca del paso.

Suspensión de peso corporal integrada (BWS)

Esta modalidad de descarga de peso corporal está muy respaldada en la investigación clínica. Mientras que los centros médicos del primer mundo usan costosos sistemas de rieles motorizados en el techo, nosotros logramos el mismo principio reclinando la rueda delantera hacia atrás. Al colocar pequeñas bolsas de arena en el canasto posterior, la palanca mecánica alivia de forma precisa el peso que soportan las piernas del niño según lo requiera su tratamiento.

Corrección de la marcha agazapada (Crouch Gait)

Es un patrón de marcha muy común en el que el chico camina con las rodillas siempre semiflexionadas. En nuestro diseño, al posicionar las ruedas hacia atrás, entran en juego unos topes delanteros con regatones de goma que tocan el suelo si el nene no extiende bien las piernas o si intenta dejarse caer. Estos topes estimulan activamente la extensión de las rodillas para evitar tropezar al avanzar.

Topes delanteros de apoyo
1 / 3
Los apoyos delanteros estimulan activamente al chico a mantener las piernas extendidas.

Para llevar a cabo una terapia con todas estas funciones combinadas en Suiza, normalmente se necesitan al menos dos o tres dispositivos ortopédicos diferentes que se van renovando cada pocos años, lo que representa decenas de miles de francos suizos. Con nuestro desarrollo, en cambio, basta un solo andador cuyo costo en materiales y producción se mantiene en el orden de las tres cifras.

Actualmente, la organización Timion en Jeffreys Bay lo fabrica en pequeñas series para entregarlo, donarlo o prestarlo a familias, terapeutas y hospitales locales. El andador tiene un potencial enorme por su versatilidad, no solo para Sudáfrica, sino también para su uso en Suiza o en cualquier otro lugar del mundo.

La visión: fabricación descentralizada en todo el mundo

En teoría, este andador se podría fabricar a gran escala en una fábrica central, embalar y enviar por correo para que cada familia lo arme en su casa como un mueble empacado. De hecho, en Sudáfrica se utiliza esa modalidad para algunas entregas dentro del país.

Sin embargo, el verdadero objetivo no es centralizar la producción al máximo para exportar contenedores a todo el mundo. Si hiciéramos eso, caeríamos en el mismo problema de siempre: el andador llegaría a los lugares con buena infraestructura logística, pero quedaría fuera del alcance de las comunidades que más lo necesitan.

La idea de fondo es capacitar a personas locales para que puedan armar una fresadora CNC de madera de bajo costo. De esa manera podemos compartir los planos de corte digitales y poner a disposición de pequeños talleres comunitarios no solo este andador, sino también otras ayudas técnicas indispensables: mesas para sillas de ruedas, bipedestadores, asientos posturales adaptados, sillas sanitarias y mesas terapéuticas. Lo único necesario son los archivos digitales CAD, placas de madera y una fresadora CNC para empezar a producir localmente. Da igual si estás en una zona rural de la India o en una región aislada por conflictos. Daniel, de Timion, ya está coordinando con aliados en la India y Tanzania para poner en marcha esta red y evaluar los primeros resultados sobre el terreno.

Producción local en Sudáfrica
Planos digitales para la fresadora CNC
Producción descentralizada: desde los archivos de corte en Sudáfrica directamente a los talleres locales cercanos a las familias.

El panorama: el futuro de la locomoción mecánica

Más allá de consolidar estos talleres locales a nivel global, ya está en marcha la siguiente etapa de desarrollo. Antes de finalizar mi estadía logré armar el primer prototipo de un módulo mecánico complementario diseñado para brindar una terapia de locomoción asistida completa.

Se trata de un sistema puramente cinemático que, al empujar el andador, guía los pies, las rodillas y las caderas siguiendo de manera automática el patrón natural del paso. La idea se inspira en las fascinantes esculturas cinéticas «Strandbeests» del artista holandés Theo Jansen. Con este mecanismo se podría brindar terapia incluso a chicos con parálisis motriz severa, cumpliendo una función similar a la de los costosos robots clínicos que usamos en Suiza. Es el próximo paso del proyecto. Lamentablemente mi visa venció antes de que pudiera dejar este módulo completamente validado, seguro y listo para el uso cotidiano.

Strandbeest de Theo Jansen
Inspiración: las criaturas cinéticas de Theo Jansen como referencia para la locomoción mecánica.
Simulación cinemática
Primer prototipo mecánico
Estos son los primeros cálculos y pruebas mecánicas que realizamos para la marcha asistida, pendientes de optimización para su uso intensivo.
Nene en silla de ruedas
Nene en el andador de madera
Un diseño pensado para acompañar a los chicos a dar sus primeros pasos y brindarles una alternativa frente a la silla de ruedas.
Foto de despedida en Sudáfrica
El buen diseño tiene el poder de transformar realidades y hacer del mundo un lugar un poquito mejor.

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